sábado, 15 de noviembre de 2014

La deriva populista

Se habla mucho últimamente del pepinazo de Podemos en la política española. Un 8% de votantes en 4 meses de existencia no está mal. Aunque los cuatro meses han sido, en realidad, la cristalización visible de un proceso mucho más largo e importante que empezó un 15 de mayo.

Lo que se ha dado en llamar la "política antigua", o sea, el establishment, empezó ridiculizándoles, luego les puso a caer de un burro, por último metieron miedo y ahora están muy preocupados por la amenaza a su status quo, el de la partida de pingpong (esta legislatura yo, y dentro de dos tú).

A mi entender, siguen sin enterarse. Su modorra les impide ver más allá. El dinero da quehacer.

La prensa y los jueces nos están mostrando en cómodos fascículos diarios la enorme cantidad de recursos públicos que se han desviado a manos privadas ilegal e inmoralmente. A cualquier país con un poco de decencia y cultura se le caería la cara de vergüenza ante el panorama, pero la ciudadanía sigue enganchada en sus inútiles debates ideológicos y estúpidamente fiel a los mismos partidos que se reparten el pastel.

Podemos encarna la desesperación en la necesidad de cambio, de venganza y de justicia. Han demostrado un gran acierto: venderse como "los diferentes" gracias a una campaña de comunicación francamente buena. Realmente no necesitan programa. Sólo lo esencial para darle forma al proyecto, algo que suene bien, coherente con su imagen, y ya tienen algo seguro: las reivindicaciones de aquella Democracia Ya. Un nodo directo al corazón de la gente. Dicen lo que muchos quieren oír y además, con ese 8% de votantes y casi un 30% en intención de voto en las encuestas, demuestran que, efectivamente, pueden. La quimera hecha realidad. El ajuste de cuentas al alcance de los dedos.

En la Historia se pueden leer casos como el que nos ocupa. El más famoso, el del ascenso del Partido Nazi en una Alemania humillada, vale, creo yo, como paradigma de cómo utilizar la ilusión de la gente para llegar al poder en una situación desesperada. No es que Podemos sea el Partido Nazi, ni mucho menos, pero analizando el origen, la vida y las palabras de sus dirigentes, uno puede llegar a conclusiones que no dejan mucho lugar a la confianza. Basta con escuchar las alabanzas de Pablo Iglesias al régimen chavista en Venezuela o cualquier simple debate en televisión donde se intercambien razones basadas en hechos reales.

¿Quiere esto decir que la gran esperanza no es tal? ¿Que estamos como antes? ¿que tenemos que resignarnos a una década más de partida de pingpong? En absoluto.

Podemos es la punta de un iceberg, el de la nueva política.

Lo único que ha cambiado verdaderamente en este país es el acceso a Internet y a las redes sociales. El resto sigue como antes: la incultura, el incivismo, la corrupción, la corteza de miras, campan por sus respetos. Pero la información va llegando, gracias a Internet, hasta aquellos que se interesan por recibirla, y la información es poder. La falta de interés de la ciudadanía por quienes los dirigen ha terminado en una merienda de negros que nos ha sumido en una considerable pobreza. El último informe de Cáritas da escalofríos.

Gracias a la información más plural y menos controlada que circula por Internet, estas personas están recuperando un cierto interés y una nueva responsabilidad. Descubren que no son pobres porque son víctimas de los corruptos, sino por su propia ignorancia y su falta de responsabilidad en la participación política. Cada cual a su nivel y en distinta manera. Podemos es política online.

Seamos claros: los políticos son, como ha dicho tantas veces Pérez Reverte, reflejo de su sociedad, y en un régimen democrático como el nuestro, si alguien está en el poder es porque le han votado. A nadie le obligan con una pistola a votar a un determinado partido. Lo que pasa es que en un sistema de listas cerradas como el que padecemos, no llegan a lo más alto los más honrados, pongámoslo así. Así está montado el sistema de partidos español actual. Llegan los que más trepan, y de cualquier manera.

La asignatura pendiente en España, así pasen los años, no es sólo el I+D, ni el crecimiento, ni el paro, ni la corrupción. Es la educación, en todos sus aspectos. Si no educamos ciudadanos con una moral y una ética basada, al menos, en el civismo, no dejará de haber corrupción, maltrato, machismo, separatismos y desempleo. Lo que más urge es dar un vuelco absoluto al sistema educativo, y dedicarle la financiación que merece, o sea, toda la posible.

Me parece bien que Podemos, o quien sea, mueva los cimientos del establisment y obligue al país a una mayor implicación en la política. Hay partidos nuevos que están deseando hacer las cosas de otra manera. Démosles una oportunidad y ejerzamos nuestro derecho constitucional a detener la orgía de corrupción actual.

Por cierto, me hace mucha gracia cuando el Partido Popular y el PSOE hablan de la "máxima contundencia contra la corrupción" que, por lo visto, consiste en quitarles el carnet del partido. A veces me da la impresión de que creen que el público es idiota.


viernes, 18 de mayo de 2012

Crisis de la crisis

Empiezo a estar un poco cansado del asunto de la crisis. Los informativos nos machacan con toneladas de información económica consistente en datos, normalmente válidos durante 24 horas, que lejos de darnos una visión de conjunto enmarañan aún más el negro panorama. También nos alarman y nos hacen pensar que nos dirigimos hacia un desastre, una catástrofe, algo que hará tambalear nuestras vidas.
Cada vez más tiendo a pensar que todo esto no es más que el teatro mediático, esa obra que interpretamos todos bajo la dirección artística de los medios de comunicación y que de muchas maneras es irreal porque no trata tanto de lo importante sino de lo que nos quieren hacer pensar que es lo importante. Incluso nosotros mismos terminamos pensando de esa manera.


No. Lo importante siempre fueron los valores que sostienen nuestras vidas, nuestros actos! Y sobre todo, las personas. Esos valores cuya ausencia ha causado la dichosa crisis, que no está siendo cosa distinta de robo, codicia, corrupción y deshumanización. El sistema económico sigue siendo el mismo de siempre, pero ahora resulta que no funciona. No. Nunca funcionó. Ha llegado el momento en que no cabe más porquería bajo la alfombra: pobreza, marginación, injusticias y abusos por todo el mundo mientras una minoría mundial se dedicaba a vivir bien a costa de los demás. No, la globalización que significaba fabricar barato para vender caro ha terminado por dar la vuelta a la tortilla. Ahora todos competimos. Sí, la tan cacareada competitividad, que empieza a sonarme un poco hueca. Desde siempre se nos educó en una "sana" competitividad que consistía en hacer las cosas lo mejor posible, en la excelencia en el trabajo, el esfuerzo. Pero cada vez más, se está convirtiendo en una carrera de codazos, en la que el último no cuenta, es un paria, un vago, un desecho. Competimos en un sálvese quien pueda, en un gano para que tú pierdas. No me convence. Entiendo que la misma vida tiene algo de competición natural y la misma naturaleza es cruel. Pero esto quizá es una fase que hemos de superar loa seres humanos, y dejar de competir tanto y colaborar más. No entiendo porqué tenemos que ir por la vida en fila india, primeros, segundos y así sucesivamente, en lugar de ir agrupados. No es que crea en la igualdad absoluta pero sí creo en la comunidad.

Parece ser que estamos en un círculo vicioso destructivo. Antes todos teníamos o tenían mucho dinero, y ahora nadie tiene nada, ni siquiera los bancos que es donde se supone que está. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde ha ido a parar en tan poco tiempo? No se entiende. No terminan de explicarlo. Desde luego que algo no funciona en el sistema económico que en lugar de tender a la estabilidad, tiende justo a lo contrario y cíclicamente se colapsa. Eso sí, se colapsa para una mayoría pobre, y los de siempre siguen nadando en la abundancia; es más, en estas crisis algunos hacen su agosto y aumentan aún más si cabe su riqueza.


Yo, en mi ignorancia, identifico algunas dinámicas que no me cuadran. No me cuadra que obligatoriamente tengamos que tener nuestro dinero en un banco, que hace con el lo que le place sin control. No me cuadra que la clase política siga actuando como lo hace impunemente con las herramientas de información de que disponemos y que encima sigan saliendo elegidos. No me cuadra que la gente no reaccione ante lo que sucede y sigan actuando como si nada ocurriese. Sinceramente creo que es un problema de formación, de educación, de responsabilidad personal. Mientras los valores que difunden los medios y que se respiren socialmente sean el beneficio económico sin más y a precio de valores de todo tipo, la cosa pinta mal.


Sigo pensando que la pérdida de valores cristianos está detrás de todo esto. Al final, nuestra conciencia se ha quedado huérfana. Sí, no digo que los cristianos sean los únicos valores válidos, pero sí digo que son los de referencia, se acepte o no. Somos hijos de una civilización cristiana que predica el amor y la dignidad de todo hombre por igual, y de ahí nacen los derechos universales y todo aquello de lo que "presume" la civilización occidental. Ahora queremos renegar de nuestros orígenes y estamos haciendo añicos la misma barca en la que navegamos moralmente hablando.


Hay una corriente social dominante que se alimenta ideológicamente de falsedades y de ideas cínicas. Se retuercen los conceptos hasta darles la vuelta, y se hace parecer lo negro blanco y lo blanco negro. Hablo del aborto, sí, pero de otras muchas cosas. Hablo del derribo lento pero continuo de la libertad de pensamiento, y sobre todo del de la Iglesia Católica, que por lo visto molesta porque no coincide con los nuevos contravalores.


Por qué no hablar, por ejemplo, del acoso a Monseñor Pla, por decir en una homilía que la vivencia de la homosexualidad que predican los colectivos LGTB puede acabar para muchos en un infierno y que hay otra forma de vivirla. Por decir eso le demandan e intentan expulsarle de Alcalá de Henares. Es decir, no se puede criticar la forma de vida de algunos homosexuales que reducen su vida poco más o menos a cuántos tíos se follan a la semana, y que se sienten orgullosos de esa forma de vida que empieza y acaba en su aspecto genital. ¿Cómo tolerar que haya personas que decidan no aceptar como definitivas e inmutables sus tendencias homosexuales y opten por vivirlas como un desorden de su personalidad que se puede modificar? Ah, no. Eso, por lo visto, es incitar al odio y la discriminación contra los homosexuales. Y se quedan tan anchos, y la gente les aplaude, sin haberse parado a pensar ni dos minutos la verdad y la base de tales afirmaciones.

Lo que quizá falta, y ahí falla la iglesia, es recordar que lo mismo se podría decir de los heterosexuales que se dedican a ir a clubs de alterne. El mismo infierno es ése que el de los clubes de hombres.

Se piensa, quizá, que la Iglesia es muy cansina con el tema sexual. Parece una fijación. Suscribo. Mucho más graves son otros comportamientos que brillan por su ausencia en las homilías y son igual o más inmorales que irse de putas o de putos.

domingo, 15 de abril de 2012

Por qué soy monárquico, hasta hoy

Sigue el debate sin fin entre monarquía y república en España. Lo que no sé si saben los republicanos españoles, al menos una parte, es que la mayoría de los monárquicos no tenemos nada contra la república y sí contra la apropiación de ésta por parte de la izquierda política. O sea, que parece que si eres republicano en España tienes que ir con todo el pack, y ser anarcosindicalista o, como mínimo, de Izquierda Unida. Las experiencias republicanas en España, aunque tuvieron aspectos positivos, resultaron en general un desastre, precisamente por la radicalización política. Pero la república, en teoría, es lo más lógico. Mucho más que la monarquía, que es un préstamo del pasado político, pero en España la monarquía, es decir, la familia Borbón, ha hecho un buen servicio al país por ser una instancia separada del juego político, un árbitro culto y preparado a salvo del ciego bipartidismo y de las eternas dos Españas. Los Borbones se han preparado desde pequeños para ser lo que son, y no lo han hecho mal, hasta ahora. Desde que el rey Juan Carlos se rompió la cadera en Botsuana en una cacería de elefantes, yo ya no soy más juancarlista, porque me parece un desubicado. Este hombre está mayor. ¿A quién se le ocurre en el peor mes de crisis irse a un país africano a practicar un deporte de rico excéntrico y encima cargándose a precio de oro a animales en grave peligro de extinción? Máxime cuando tiene a un yerno acusado de corrupción y aún están frescas sus declaraciones un tanto paternalistas sobre su preocupación por la falta de trabajo de los jóvenes y la difícil situación del país. Denota escasa sensibilidad. Seguramente habría podido ser un viaje más de los muchos que hace a lo largo del año, de los que no se enteran más que la Casa del Rey, el gobierno y los cuerpos de seguridad. Pero hete aquí que, como es lógico al poco tiempo de una operación de rodilla que le ha tenido con muletas varios meses, su majestad se rompe la cadera, y tiene que destaparse todo el incómodo pastel. No está el horno para estos bollos. El nieto Froilán juega a su tierna edad con escopetas de caza y se agujerea el pie y al abuelo hay que traerle desde Botsuana porque a su edad se pone a jugar a los safaris. Y la abuela en Grecia en la Pascua ortodoxa. Menos mal que nos queda Felipe. La llegada de una república es probable que se materialice antes o después. Estas cosas sólo aceleran el proceso. Si la izquierda deja de apropiarse del republicanismo, quizá nos podamos encontrar en ese territorio.

sábado, 11 de febrero de 2012

Reforma nacional

Se acaba de publicar la reforma laboral del gobierno Rajoy y, como si de una ley natural se tratase, los sindicatos han anunciado marchas en contra y probablemente una huelga. El PSOE, siguiendo un guión muy poco original (el guión de los partidos que sostienen el bipartidismo en España) rechaza la reforma, como si fuera defensor de los trabajadores y centrándose exclusivamente en la pérdida de derechos. La complejidad creciente de la economía hace difícil estar seguro de la oportunidad y justicia de las medidas que se toman, pero después de escuchar a expertos nacionales e internacionales de distinto signo parece claro que la reforma va en el buen sentido: abaratar el despido (que insisten en llamar eufemísticamente rigidez), quitar el poder a los sindicatos y bonificar la contratación de jóvenes, entre otras muchas y variadas medidas.

No es que vaya yo ahora de neoliberal, ni que piense que los sindicatos son intrínsecamente malos, pero creo que si hay que apuntar culpables, los hay de uno y otro lado. Como siempre. Los sindicatos han demostrado pocas luces en los últimos años. Siguen en un planteamiento decimonónico, a lo sumo del siglo pasado, de defensa cerrada de una clase social en unos términos anacrónicos. Ese frente de lucha, con arenga, pancarta, pito y cacerola, consignas y paros, ya no es tan útil como antes ni tiene mucha razón de ser, porque la clase trabajadora no es una casta, ni un gueto de pobreza sin salidas. Ser trabajador, hoy día, es una opción, y además no definitiva que podemos cambiar varias veces a lo largo de nuestra vida.

La economía de muchos países con baja tasa de paro nos dice que el secreto del casi pleno empleo no está en las barreras al despido, sino en la abundancia de empleo, en la movilidad laboral, en la formación, y en la seguridad (flexeguridad, la llaman) durante las inevitables etapas de desempleo que se dan en los cambios de empresa o en etapas de maternidad, enfermedad o excedencia.

Un empresario, y estoy pensando principalmente en los pequeños, debe tener el derecho a echar a cualquier empleado cuando lo necesite, igual que el empleado tiene derecho a marcharse cuando lo desea. Es un acuerdo entre dos personas y debe regirse por reglas de libertad. Lo importante es que haya una red de protección ante las etapas de paro, una estatal, con un subsidio suficiente pero que no incite a la vaguería y el morro, y otra privada, con un dinamismo suficiente del mercado laboral, que siempre ofrezca posibilidades. Lo que no puede ser es que haya gente que se tome años sabáticos a costa del erario público, o que cobre fraudulentamente. Eso no hay economía que lo resista.

El problema de base en España no tiene solución a corto plazo: es la mentalidad de la gran mayoría de la clase trabajadora. Quieren ser funcionarios, que les paguen un trabajo de 8 a 3 para toda la vida y trabajar lo menos posible. Hay mucha gente que no piensa así, pero por desgracia hay demasiada que sí lo hace. Todos conocemos a alguien a nuestro alrededor que se ha preparado con gran tesón sus oposiciones a... Lo que sea. Lo importante parece ser, sobre todo, la seguridad, por encima de realizarse en el trabajo, hacer realidad sueños, ser útil a la sociedad, etc. Es esta mentalidad, en ocasiones infantil, la que hace a nuestra sociedad dependiente, poco preparada para un siglo XXI exigente y competitivo, lleno de posibilidades pero desde luego poco adecuado para el carácter acomodaticio.

Hay un arduo trabajo de educación en escuelas, institutos y universidades para formar a emprendedores, y no con el típico curso del Inem "cómo crear una empresa", que se limita a explicar normas administrativas, sino con algo más de fondo.

martes, 1 de noviembre de 2011

Un invierno largo

No sólo asoma el invierno tras el reciente cambio de hora, sino que se vislumbra un frío estacional, social y económico mucho más largo que los tres meses de rigor. Se adivina el doloroso parto de una nueva forma de hacer las cosas y la fiebre y el malestar que permitirán la purga de tanto exceso. Me pregunto cuál es la actitud más indicada para este contexto, si alarmarse y tragar saliva ante las constantes descargas informativas de la prensa, que nos tiene a dieta de bancos y deuda, aparte del consabido bipartidismo, o desconectar de la autopista informativa y meterse por la comarcal del día a día.

Las cifras del paro no invitan al optimismo en el umbral de los cinco millones. Es evidente que la economía sumergida está evitando desórdenes sociales violentos en un país donde unos siguen disfrutando del paseo o prejubilándose a los 50 con cantidades que otros no podrían reunir en 70 vidas, mientras la mayoría hacen cábalas para poder seguir llevando una vida digna y unos 8 millones quedan sumidos en una vergonzosa pobreza (vergonzosa para un país como el nuestro que se dice desarrollado y se permite hablar del Estado del Bienestar). El mundo es desigual por naturaleza pero estas desigualdades tan extremas son reflejo de la injusticia y de la falta de ética reinantes. Me pregunto si todos esos acaudalados ciudadanos son conscientes de su responsabilidad. Ya lo dice el Evangelio, "... Su riqueza, ¿Para quién será? ¿De qué les servirá ganar el mundo entero si pierden su alma?". Pero esto es tan antiguo como el mundo, y parece seguir funcionando como al principio.

Para quienes, como yo, la macroeconomía se ha convertido en un laberinto incomprensible, sólo aspiramos a seguir tirando de nuestro carro sin ser carga para nadie, viviendo de forma modesta y poniendo nuestro grano de arena para que todo avance. De todas formas, en mi caso, el revuelo económico y político, sin dejar de tener cierto interés, más que nada por la era de cambios y revoluciones que promete, ha dejado paso a una meditación espiritual y análisis interior que es donde, sin duda, comienza a cambiarse el mundo. Estoy inmerso en un libro muy interesante sobre las apariciones marianas del pueblecito bosnio de Medjugorje, a las que doy total credibilidad por mi parte, y que me están conduciendo, a trancas y barrancas, hacia un nuevo modo de vivir mi fe, y que enganchan con algunos aprendizajes y experiencias de los últimos años. El libro se llama simplemente Medjugorje y, entre otras cosas, es la voz de Dios actual, candente y aún no lastrada por nuestra mentalidad acomodaticia, ni por las manipulaciones, rutinas y dervirtuaciones a las que hemos sometido el mensaje divino. Son ideas muy sencillas y chocan de frente con el estilo de vida actual de una mayoría, pero a medida que la Gran Mentira se desmorona, van adquiriendo más y más verosimilitud. Cinco piedras, así las llaman, basan el mensaje de la Virgen: oración, ayuno, eucaristía, confesión y Palabra de Dios. Nada que ver con teoría económica ni política, es cierto. Todo va dirigido a la transformación interior de cada cual, que no es posible sin Dios, sin sumergirse en su escucha, sin tomar consciencia de su presencia, oculta para los sentidos, y de su acción continuada en nuestras vidas.

En muchos momentos de mi vida me he revelado contra estas cinco piedras, porque Dios no me escribe un email o una nota en lugar de tener que investigar voces interiores que apenas logra uno escuchar (entre otras cosas, porque entre pitos y flautas y las mil formas de entretenimiento vano que tenemos a nuestra disposición nunca dejamos ni cinco minutos a la meditación y a la oración que no es otra cosa que meditar con Dios), porque el ambiente se encarga de afear y difamar el valor de las cosas eclesiales y de los sacramentos y porque el pragmatismo imperante te intenta convencer de que nada de eso sirve "realmente" para nada. Y, en fin, porque parece que la alegría (exterior, estética) de los que disfrutan de los placeres del momento sin más preocupaciones, está reñida o es contraria a las prácticas del católico, a los rezos, al ayuno o a ejercicios que, desde luego, exigen un considerable gobierno de uno mismo y de sus deseos, algo que no casa muy bien con la sociedad de consumo y de excesos que, volviendo al principio, ha causado el desmoronamiento social y económico actual, entre otras cosas.

Pues yo apuesto por la confianza y por la positividad en medio de la tormenta. No por nada, sino porque la seguridad y la fuerza están en el interior, no en los datos estadísticos, y mientras yo vaya por caminos de perfeccionamiento, al menos, seré siempre una buena influencia para todo lo que me rodee. Ojalá muchos nos demos cuenta.

miércoles, 6 de julio de 2011

Y la cabra se fue al monte

No es que me deje llevar por el pesimismo, pero ha sucedido lo previsible. Estaba apuntado a todos los grupos de Facebook y blogs habidos y por haber sobre el 15M y Democracia Real Ya, sobre todo los de Valladolid. Como no tengo paciencia ni tiempo para asistir a sus largas asambleas, al menos así podía contribuir con ideas, estar enterado de los avances, ver materiales que circulan, y saber de las convocatorias. Pero mi muro de Facebook se estaba llenando de iniciativas y más iniciativas de extrema izquierda y de chorradas. Ya no se hablaba de la ley electoral, de la transparencia, de concienciar a la sociedad española del uso de su voto y su dinero de una manera consciente, responsable y organizada, sino de amenazas de Anonymous en vídeos con una estética que recuerda un poco a los de las txapelas contra los maltratadores de animales, llamadas contra la Iglesia Católica, paradas "pacíficas" de desahucios, y, en fin, personajes de catadura muy poco tolerante que, como aquéllos a los que critican, se creen en posesión de la verdad. Y me harté. Me da pena decirlo y me entristece comprobar cómo el mundo vuelve a girar como siempre.

En aquellos primeros días que siguieron al 15 de mayo de 2011, se vio una luz fugaz y tenue, una posibilidad de cambio. La gente se ilusionó. Pero los que decidieron tomar las riendas, o algunos de ellos (que son de los que hablo aquí, claro, es decir, de los de Valladolid) decidieron imprimir al movimiento sus ideologías de izquierdas. Y ya no era aquello que se decía en el primer manifiesto: "Somos ciudadanos, unos de izquierdas, otros de derechas, otros apolíticos..." Los de derechas y los apolíticos habían hecho mutis por el foro, y se quedaron sólo los rojillos, con su uniforme y su programa de Izquierda Unida.

Y no, éstos tampoco nos representan. Al menos a mí no, que ya estoy harto de esta realidad política tan limitada. Lo que nos ilusionaba era otra cosa. Era la unión y la colaboración.

sábado, 4 de junio de 2011

Impás

Si no fuera porque nos espera un verano-otoño calentito por la siguiente reforma laboral y por el persistente índice de paro en niveles insoportables, diría que el movimiento 15M pasa por una crisis casi mortal. La indignación de la gente subirá y es posible que los "indignados" puedan canalizarla hacia algún lugar con sentido. Pero no será, desde luego, por su gran habilidad organizativa, o mejor dicho, por la pericia del grupo de jóvenes que lo maneja. Los rojillos, por llamarlos de una manera simpática, siguen barriendo para casa. En las Asambleas cada vez hay más gente con el uniforme antisistema, o como porras quieran llamarlo, rastas, ropa sucia o/y rota, pelo rapado en parte de la cabeza, piercings, el inevitable tatuaje..., en las manifestaciones (con merma de asistencia, por más que griten que cada día somos más) se gritan algunas chorradas bastante gordas mezcladas con ideas cabales;. Siempre está el exaltado que proclama sus viejas arengas sindicales o comunistas. Y ahora discuten sobre si una asamblea se tiene que convocar 3 horas o 1 hora antes, y cosas que, en realidad, le importan muy poco a la gente. En cualquier caso, no tenemos paciencia ni tiempo para escuchar a unos chavales cómo hacen sus primeros pinitos en la palestra pública. Dicho sea con el mayor de los respetos, que todos hemos sido chavales alguna vez.

Democracia Real Ya se ha desvinculado de las acampadas (que ahora pasan a llamarse 15M), y creo que con buen criterio, porque se han desvirtuado y ya no sirven para nada. Exceptuando la patosada de Felipe Puig, Consejero de Interior de la Generalidad catalana, que debería haber dimitido inmediatamente por su brutalidad, al intentar desalojar la acampada de Barcelona con excusas poco afortunadas, la mayoría de los políticos han actuado con bastante sagacidad, evitando cualquier enfrentamiento entre fuerzas del orden y acampados. Saben que las acampadas se terminarán como una vela sin cera, y además en un plazo relativamente corto. Siguen sin enterarse de que el verdadero movimiento no está en las tiendas de campaña de Sol, ni en los tan traídos perroflautas, ni en los viejos anarcosindicalistas. El movimiento es un despertar lento pero seguro de la población. Es un cambio inevitable, cuya evitación significaría el desastre del planeta, así de claro hay que decirlo. El movimiento es una nueva conciencia del ciudadano que, responsablemente, será consciente de su poder en unión con los demás. Utilizará el voto y el dinero de forma mucho más inteligente, y los poderosos lo tendrán más difícil para llevarse su botín.

Queda un largo camino.